El noreste de China y la frontera con Rusia afrontan un desastre natural de grandes proporciones tras la explosión de una planta petroquímica, la semana pasada, que contaminó con benceno las aguas del río Songhua. Si no se frena la contaminación podría llegar al río Amur del que es afluente. Las autoridades de Heilongjiang, una de las provincias de la zona, advirtieron que "necesitan urgentemente" 700 toneladas de carbón activo que sirvan como filtro para la grave contaminación del río Songhua, afluente del Amur (frontera natural chino-rusa) y afectado por la explosión de una planta petroquímica el pasado 13 de noviembre.

Según el Gobierno provincial, citado por la agencia estatal Xinhua, se necesitan 1.400 toneladas de carbón activo (utilizado en depuración de aguas) para absorber todo el benceno que contamina el Songhua. De acuerdo con el teniente de alcalde de Harbin (capital de Heilongjiang), Wang Shihua, sólo cuentan con 700 toneladas, y deberán reunir la otra mitad urgentemente para conseguir una total limpieza del río. La explosión de la planta petroquímica el 13 de noviembre, en la vecina provincia de Jilin (donde nace el Songhua), causó cinco muertos y obligó a evacuar a unas 10.000 personas, pero no se habían confirmado efectos en las aguas de la zona hasta ayer.

La decisión tomada por Harbin de cortar el suministro de agua durante cuatro días, disparó los rumores al respecto, hasta que hoy la Administración Estatal de Medio Ambiente (SEPA) tuvo que reconocer la fuerte presencia de elementos contaminantes en la corriente, como benceno o nitrobenceno. Aunque no se citan cantidades exactas, se asegura que las concentraciones en el agua son "nocivas para el ser humano" y son hasta 30 veces superiores a lo normal.

Antes del anuncio realizado por la SEPA, los responsables de la fábrica petroquímica de Jilin habían asegurado que la explosión "originó solamente anhídrido carbónico y agua, lo que no contaminó el manantial del Songhua". Eso es algo frecuente en China, un país con la prensa fuertemente censurada y donde, ante desastres de cualquier tipo, suelen aparecer siempre en primer lugar informaciones que aseguran que todo está "bajo control", aunque posteriormente otras noticias lo contradigan. El corte repentino del agua en Harbin sembró el pánico en la ciudad (habitada por 9,3 millones de personas), donde se agotaron en las tiendas productos como el agua embotellada u otras bebidas.
Esto es un aporte de Informativos Telecinco.
Pablo Ramírez Torrejón
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